Archivo para 21 julio 2007

Enamoramiento imaginario

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Carretera, camino a Aramberri, le venía platicando a Tania sobre la lectura de los ángeles, pero ella no conocía la historia del mago Ulises, amigo de “leías”, por lo que se la conté. Lo que me encanta de ella es que en una excelente conversadora y una excelente escuchante, no todos tenemos reunidas las mismas cualidades.

Al estarle contando la historia del mago, ella se emocionaba cada historia que le contaba, como si ella también la estuviera viviendo, un tanto emocionada, casi casi como yo. Al estarle contando la historia de cómo lo había conocido, sus detalles conmigo, lo maravillosa que me hizo sentir con sus ánimos y demás, me estuve imaginando una vida improbable con él.

El mago Ulises fue una persona con quien jamás me sentí menos o sentía que pudiera tener algún conflicto de tipo existencia, ya que también era divirciado, sólo que él sí tenía un hijo, de 10 años, según recuerdo lo que me comentó. Ahora, en este momento, recuerdo cuando comenzó a grabar en el restaurant cuando comíamos los tres juntos, en el Sierra Madre, me pregunto, ¿qué habrá hecho con lo poco que me haya grabado?, ¿se habrá acordado de mi en su momento? En fin.

Imáginé una vida con él, cómo quizás hubiera sido, cómo su alma tan noble se hubiera conjuntado con la mía, cómo quizás hubiéramos sido una pareja. Me imaginé feliz a su lado, claro, era mi imaginación, no la de nadie más. Quise explorar lo que esta me diera, quizás imaginarme una felicidad de pareja, tener a Sara con él. Me lo imaginé a mi lado y sentí un amor indescriptible, un amor puro y sin rencores, un amor pacífico y divertido. Me imaginé amándome como a nadie en su vida, amando también a su primogénito, de quien yo no sentiría celos, al contrario, también con un tipo de amor fraternal. Me imaginé una vida linda a su lado. me sentí muy feliz en ese momento. Me lo imagíné con su camisa negra y sus pantalones de mezclilla, tal como lo conocí, acariciándome mi pancita donde dentro estaría Sara cocinándose para su salida.

Sólo fue por un momento. Me he querido imaginar esa vida a lado de otros hombres que mueren por mi, pero de ninguna manera puedo. Sólo con él.

Quizás me motivó a imaginar esto tras la lectura de ángeles, donde me mandaban su mensaje, que era el que él también me quería mucho, que no me lo pudo decir, pero que él quiere que yo lo sepa, que también me quiere mucho.

Este viaje imaginario puede hacerme sentir bien, porque en realidad ahorita no siento ni quiero nada con nadie, a pesar que tengo mis fieles seguidores y mi lista de pretendientes, ahora sí, para poder escoger, yo sólo escojo a ninguno.

Sólo pude sentir que durante la imaginacíón me sentí enamorada y feliz.

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Fresco y con lluvia en julio??

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18 de julio del 2007. Por costumbre, hoy creí que este día pudiera ser caluroso, de esos que no deja siquiera que te asomes a la calle porque sientes que la piel se derrite. Debería de ser así y no lo es, por fortuna.

Hoy amaneció llovido y fresco. Hubiera deseado que vieras que Monterrey también tiene mañanas frescas, que puede ser una ciudad habitable.

Después del ajuste de chacras que tuve ayer, hoy me sentí más ligera, como que armonizada, ¿será?

Un extraño me vio en pelotas

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Siempre me lo dijo leías: “cierra esa ventana del baño, no te vayan a ver desnuda”, ajá, siempre le respondía yo. Hasta que hoy, me morí de la pena. Como cada mañana, di inicio a mi ritual matutito: despiértate, doña Pelos te da los buenos días, ábrele la puerta para que salga a hacer del baño, ve a la cocina a tomarte tu agua caliente, si estás a tiempo haz ejercicio si no, vete al baño, desvístete, haz pipí y métete a bañar.

En este último, estando desnuda y sobre la taza haciendo pipí, me di cuenta que alguien del sexo masculino de la casa de al lado, casa que desde que llegué al depa estaba deshabitada y que como hace dos meses ya no lo está, iba bajando por las escaleras desde la azotea con ropa que destendió. La ventana del baño estaba abierta y para mi suerte había dejado sólo un poco abierta la cortina del baño, lo que hace que pegue un salto del escusado a cerrar la cortina con una pierna un poco goteada. Me freakié tanto que de pedo fui a cerrar la puerta, me valió si doña Pelos estaba dentro o fuera. Regresé con el celular en la mano al baño, ocultándome tras la cortina y tan pronto pude, cerré la ventana.

Nunca me había pasado. Será más precavida, tal y como EL me lo decía.